Dificultades y problemas a nivel docente en la Universidad


Mi nombre es José Manuel Redondo López y soy profesor titular del Departamento de Informática de la Universidad de Oviedo. Quiero aprovechar esta tribuna que me brinda el Colegio Oficial de Ingenieros Informáticos del Principado de Asturias para explicar lo que, en mi humilde opinión, son diferentes aspectos de mi profesión, que no deja de ser una manifestación más de la versatilidad extrema de la ingeniería informática

Desde el 2002 me dedico a formar, primero en aspectos de programación avanzada y, desde el 2019, en ciberseguridad, a generaciones y generaciones de futuros informáticos e informáticas que salen de mis clases. Y yo, al igual que otros muchos compañeros, intentamos hacer nuestro trabajo de la mejor manera posible. No obstante, como todo el que me esté leyendo sabrá, nuestro trabajo no está en absoluto exento ni de problemas ni de dificultades. Y de eso voy a hablar en esta tribuna. 

Empecemos por las dificultades, que quizás sean las que más próximas queden a un lector que no esté familiarizado con el mundo docente. No es un secreto si os digo que hay mucha polémica a nivel social en cuanto a nuestra profesión. Por supuesto que hay no poca gente que aprecia nuestro trabajo y por supuesto también hay personas en nuestras filas que no son capaces de hacer el trabajo de la manera adecuada, o de conseguir los objetivos que se espera de ellos. No voy a justificar las malas acciones de ningún compañero de profesión porque no conozco cada caso ni tengo datos para juzgarlo, pero sí que voy a hacer al final una reflexión de cosas que pueden dar una mejor perspectiva al asunto cuando hable de los problemas. 

Lo que si es cierto es que la existencia de denuncias sobre diferentes problemas en el desarrollo de actividades docentes e investigadoras es que el (supuesto) mal hacer de uno nos afecta a todos. En toda profesión hay profesionales que son evaluados como mejores o peores en determinados aspectos de esta, pero sin embargo parece que, en la nuestra, cuando se produce algún error o problema adquieren una gran repercusión mediática originando generalizaciones recurrentes de carácter peyorativo en diferentes medios y redes sociales.

A parte de adjetivos calificativos, que no voy a reproducir aquí, una de las cosas más recurrentes es poner en duda nuestra labor social. O, dicho de otra forma, afirmar que solo sabemos repetir “como papagayos” (sic) “presentaciones obsoletas” de “conceptos teóricos que no tienen utilidad para el trabajo real y actual”. Seguro que todos vosotros habéis visto ese comentario (o alguno muy similar) de una u otra manera y en distintos medios. 

Quiero ser claro. Yo soy de la opinión de que la Universidad debe servir el tejido productivo. Pero también quiero ser claro con otra cosa: no de la forma que alguna gente cree que debe hacerlo. Yo (y, en general, muchos de mis compañeros) no vemos a la universidad como un sitio en el que se enseña la tecnología o la herramienta “de moda” para determinadas disciplinas, que pueda servir para cubrir las necesidades de las empresas durante un período de tiempo relativamente corto, puesto que las tecnologías y las herramientas están en constante avance y su uso, a nivel general, es raro que llegue a un número de años que supere un dígito.

No, yo soy de la opinión de que la Universidad debe enseñar los conceptos que están detrás de esa herramienta o tecnología y, una vez que los estudiantes entiendan qué están haciendo, sí que luego se puede enseñar una(s) herramienta(s) de carácter innovador o de uso popular para ilustrar esos conceptos. De nada sirve una explicación teórica aislada si no se puede palpar los conceptos que se están explicando. 

Por poner un ejemplo en mi ámbito. Yo puedo explicar lo que, a nivel teórico, es una trama TCP y quedarme ahí, diciendo que eso es la base de todo. Efectivamente, estaría cayendo en el estereotipo anterior, tal cual nos acusan en los medios. Pero puedo ir un poco más allá, y ver las tramas TCP como herramientas muy útiles para la interpretación de tráfico de red capturado y para el escaneo de máquinas remotas evadiendo defensas. Entonces haría algo más práctico que podría ser útil en la empresa, aunque en nichos muy concretos.

Pero aún puedo ir más allá y construir encima de esto, hablando de detección de intrusos en red y comentar que parte de las anomalías detectadas se basan en la corrupción de la trama TCP que acabamos de ver. Y, para ilustrarlo, puedo poner en marcha un IDS gratuito y sencillo (como MalTrail) donde efectivamente se vea qué pasa cuando detectas comportamientos anómalos en la red. Y luego puedo venirme arriba y montar un Suricata con un GUI, o simplemente apuntar que en un montaje real se usaría algo así si ya no me queda tiempo.

Al hacer eso, cuando esa persona llegue a una empresa y tenga su disposición un IDS comercial, de mayor coste y potencia, nada de lo que verá en él le resultará ajeno, aunque con una herramienta de semejante calibre obviamente podrá detectar más intrusiones y tener un mejor control de lo que detecta. Pero ya no parte de cero. 

Pero en todo estamos asumiendo que la empresa tiene un sistema de vigilancia de red que permite la detección de intrusiones. ¿Y si no lo tiene? No todas las empresas lo tienen, a veces por coste, otras veces por desconocimiento. Si uno de mis estudiantes acaba trabajando con esa empresa, ya puede ayudar a la empresa a incorporar un IDS MalTrail gratuito a su red (o algo superior, en función de su evaluación de riesgos). Con lo cual mi estudiante estará empujando a la empresa a alcanzar un mejor nivel de seguridad. Y esto es un poco la idea que quiero transmitir de lo que creo que la Universidad debe hacer con el tejido productivo. 

Esa idea se puede expresar en pocas palabras como “ayudar a avanzar a las empresas que aún no lo han hecho lo suficiente” y “ayudar a llegar a cierto nivel a aquellos que estén en una empresa que ya lo haya hecho y necesite profesionales capaces de ponerse al día en un tiempo más corto”, sin la necesidad de una formación a cargo de la empresa desde cero. Eso para mí es el objetivo docente de una universidad: elevar el nivel medio de conocimientos de nuestros egresados para que, cuando vayan al tejido productivo, den a los demás la oportunidad de elevar su nivel tecnológico y de procedimientos si no ha llegado aún a él, o se puedan poner al nivel que encuentren en su destino de una manera mucho menos costosa.

Colaboración público-privada

Una vez que he dejado claro cuál es mi postura acerca de la docencia de la Universidad, también quiero aprovechar para romper una lanza a favor del sistema educativo público, que periódicamente se pone en entredicho en diferentes medios. Para mí es uno de los pocos ascensores sociales que quedan en la actualidad. Dar la oportunidad a gente que viene de orígenes modestos (como yo) a alcanzar puestos relevantes a nivel social (que de otra manera les estarían vetados por falta de recursos y oportunidades) es, para mí, una obligación a nivel personal y también una labor indisoluble que las universidades públicas deben seguir realizando siempre. No en vano, hay muchos ejemplos de grandes profesionales con formación en la universidad pública, y debe seguir siendo así.

Por supuesto, todo el mundo es libre de gastar su dinero en una formación privada que se pueda permitir y que considere que ofrece la calidad y contenidos que necesita. No se trata de ver rivalidades, se trata de ver complementariedades y, sobre todo, de que la existencia de la opción privada no suponga el menoscabo, los ataques a la reputación y la falta de financiación de la pública. Las universidades privadas, como cualquier empresa privada, tienen por supuesto todo el derecho a existir y desarrollar su labor a plenas capacidades, como cualquier otra empresa en cualquier otro ámbito. De todo eso se beneficia también la sociedad, generando riqueza y empleo. Pero no creo que sea bueno ser antagónico, y creo que debería explorarse el camino de lo complementario.

Y digo eso de la complementariedad porque recientemente a nivel personal estoy involucrado en un proyecto donde hay una colaboración público-privada, y donde creo que hemos alcanzado, huyendo de egos, con la mejor disposición y teniendo claro cuál es nuestra posición y cuál no en ambas partes, una unión que pone de manifiesto los puntos fuertes de cada uno de estos aspectos de la educación.

Yo, como representante de una entidad pública, puedo ofrecer a mis alumnos una formación “horizontal” que les ponga a un buen nivel en una enorme variedad de campos dentro de mi línea de trabajo (la ciberseguridad). Pero yo no estoy especializado “en vertical”, como si lo están las empresas privadas involucrados. Ellas van a desempeñar el trabajo en cada uno de sus campos cientos de veces mejor que yo, porque están viendo en su día a día esos aspectos, están al tanto de las novedades y sufriendo incluso ataques antes de que yo los vea analizados en los boletines que consulto para mantenerme al día.

En otras palabras, yo puedo “abrir un paraguas” enorme y cada una de las empresas privadas que se una al proyecto puede extender “las varillas” de maneras que para mí son imposibles, sacando partido de su especialidad. Es decir, yo nunca voy a enseñar las últimas novedades en detección de intrusos como una empresa que se dedica a la detección de intrusos. Pero puedo dejar muy clara a la gente qué es la detección de intrusos, que experimente con ella y luego “centrar el balón al área” para que la empresa privada asociada al proyecto remate y meta un gol antológico, si se me permite el símil futbolístico. Por que como en un equipo de futbol, el juego funciona si cada uno tiene claro su puesto, su cometido y sus interacciones con los otros jugadores.

Si este proyecto sale bien, creo que será una demostración más de que ambos modelos no son en absoluto incompatibles, sino perfectamente complementarios. No os voy a engañar, no hay cosa que más ilusión me haga ahora mismo, aunque suponga un trabajo increíble por parte de todos los involucrados. Pero salimos ganando todos. Yo voy a producir alumnos mucho mejor formados, y las empresas van a obtener alumnos con una base mucho más sólida y que van a cumplir exactamente con lo que necesitan, porque ellos mismos van a darles ese entrenamiento. Como veis, no estoy de broma. Salimos ganando todos. Pero sobre todo los estudiantes. 

La importancia de la investigación

Y para terminar esta tribuna, quiero hablar de por qué creo yo que tenemos problemas a nivel docente. Vuelvo a retomar mi comentario de que en toda profesión hay mejores o peores docentes. Pero aquí tengo que dar una crítica al propio sistema universitario español. Puede que esto no se sepa mucho fuera de lo que es el ámbito universitario, pero a nosotros se nos evalúa principalmente por dos pilares: la investigación (que sin duda es el que más pesa de todos) y la docencia (que es importante, pero menos). Menos hasta el punto en el que, si no tienes una fortaleza significativa en investigación, puedes ser el mejor docente del mundo y nunca vas a conseguir avanzar en tu carrera profesional académica. Esto suena dramático, pero os prometo que es así y si alguno de los que me está leyendo es profesor sabe que tengo razón.

Esto hace que la preparación detallada y con esmero de las clases juegue en nuestra contra. Es trabajo que nos quita de investigar, y todo lo que no investigues no avanzas y al final el objetivo de todo el mundo cuando trabaja es poder llegar a fin de mes y poder comer. En la universidad no avanzar en tus primeros pasos como PDI implica quedarte fuera del sistema a los pocos años. Puedes haber invertido una cantidad increíble de horas en temas docentes (dejando más de lado la investigación por ello) y con 30 años verte en la calle con una experiencia profesional que se va a valorar muy poco las empresas privadas, principalmente por los motivos dispuesto antes: perjuicios y estereotipos. 

Así que tienes que invertir todo lo que puedas en investigación, que tiene sus propios problemas y no es en absoluto fácil. Sin entrar en detalles, podemos decir que el mundo investigador universitario ahora mismo tiene graves inconvenientes, originados en cómo se evalúa la ciencia, que es una evaluación basada en la publicación en revistas de un determinado índice controlado por editoriales privadas, con una serie de prácticas polémicas que podría describir en otro artículo si tuviera la oportunidad. 

El caso está en que dar bien clase no te garantiza un futuro.

Casi finalizo diciendo que, si la universidad española buscase una forma de lograr una carrera académica para aquellas personas que decidan investigar y volcar su investigación en mejorar su docencia principalmente, dejando la publicación no de lado, sino en un plano menos importante, creo que conseguiríamos combatir los problemas de relevo generacional que estamos teniendo en los últimos años carreras como la informática, la medicina y la enfermería entre otras. Las condiciones en la empresa privada son mejores a nivel profesional y económico.

Y no hay que olvidar que somos su servicio no un negocio. Nuestros resultados positivos no se miden en términos económicos como los de un negocio (por supuesto estoy completamente en contra de malgastar el dinero público) sino que se miden en lo que volcamos a la sociedad con una utilidad y una fuerza de trabajo de la que luego se nutren las empresas privadas, que es justo mi visión de la labor de una Universidad pública que ha dicho antes. 

Termino diciendo que estoy convencido que es posible que estos dos mundos, que algunas personas se empeñan en decir que son antagónicos, no lo son y que podemos complementarnos entre nosotros como ingenieros informáticos que ven la profesión desde prismas muy diferentes, pero no por ello incompatibles. 

Así que desde aquí extiendo la mano a todas aquellas personas que creen que somos una carga social (suena muy fuerte, pero todavía lo leí hace menos de una semana) a replantearse sus principios, teniendo en cuenta que el relevo generacional que ahora mismo están experimentando muchas universidades, debido a la masiva jubilación de profesores, implica que hay una inyección de “savia nueva” en la universidad (entre las cuales no me incluyo, porque yo ya estoy bastante entrado en años) pero que me consta que va a cambiar el paradigma clásico que tenemos arraigado a nivel social.

Es hora de renovar ideas y reevaluar estereotipos. Nuestros hijos/as nos lo agradecerán.

José Manuel Redondo López
Profesor Titular de Universidad en Universidad de Oviedo (Perfil Ciberseguridad)